DE MERCHERA A PIJA

Por un payo ajeno al concepto racismo

por PASQUINEL LABARTA

La protagonista viene al mundo en medio de La Perona, un arrabal gitano sito en Barcelona ciudad y con un estilo de vida merchero que las autoridades desalojaron en 1985. Algo antes de que ocurriera aquel suceso terminal, la mestiza Josefa se ve vendida con trece años a un adinerado payo que pretende su cercanía física por motivos emocionales (gran parecido con su difunta hija). O sea que, en plena ebullición hormonal de la adolescencia, esta chavala vuelve a nacer en un escenario en que los deseos se hacen realidad con sólo pedirlos. Los avatares del destino la introducen en la bisexualidad y en un ambiente tope consumista. Antes de sumergirse en este escrito recomiendo aparcar la venda de la moral tradicional. Quien avisa, se caga en misa.

DE MERCHERA A PIJA

…Hoy me he sentido rara a la salida del colegio mientras esperaba a la Virtu, quien ha llegado tarde a la fuente frente a la puerta que da a la calle, donde habíamos quedado a las cinco menos diez. He conocido al Rob, un chaval de unos veintitantos y super-precioso, como describe mi compi a los chicos muy guapos cuando habla con acento y poniendo caras raras. Ha aparcado su gigantesca máquina brillante de dos ruedas a la entrada de la escuela.

Menudo pedazo de macho, como dijo Doña Felisa un día que habló hace mucho de Don Ángel, mi encarcelado expadre. El pijo de hoy, porque eso canta como dice mi mejor amiga, es muy alto y tiene ojos intensos como los míos pero azules y largas greñas rubias y limpias y va vestido con ropa negra y un pañuelo blanco y largo enrollado al cuello y manos inmensas y con una espalda como la del Sebas, el amo del autocar. Pues le han traído sus largas piernas como andando sobre las nubes hasta donde yo estaba sentada. Parecía que no pesaba y, tras deslumbrarme con una amplia sonrisa, me ha preguntado que si “¿has visto a Carina, una chica muy conocida en este colegio con la que ha quedado a las cuatro y treinta-y-cinco? Es que he llegado unos minutos tarde pues no encontraba las llaves de la moto. Ah, ¿te importa que me siente a tu lado para esperarla?”… Que si gracias”.

¿La super-pija de ley que está repitiendo COU?, he estado a punto de contestarle entretanto me movía del centro del banco a un lado para dejarle mucho sitio. Es que todo el mundo la critica a la Carina en Las Mercedarias. La tienen celos por lo atractiva que dicen que es. Carita de muñequita super-pintada y poco más, cotillea la Virtu con ese tono de voz que me hace reír en silencio. En el fondo, yo opino igual. Me veo en el espejo con una expresión más salvajemente bella, unos labios que besan a distancia y una mirada que desnuda, según han dicho algunos hombres que sé que me han deseado sin atreverse a…

-“¿Qué pasa, no sabes hablar o qué?”, interrumpe a mi mente el increíble macho que me pone nerviosa aunque yo no quiera.

-Ella no va mi clase porque es mayor que yo, lo siento.

-“¿Ah no? ¿Y qué edad tienes tú, preciosa?”, aparta sus largas melenas de encima de una oreja y luego me enseña los dientes.

-Quince dentro de un mes. Lo de preciosa me ha gustado, pienso.

-“¿Entonces estás en… segundo de BUP?”, menuda cara de ángel de Dios. Meneo la barbilla de arriba a abajo y sigue. “Pues pareces mayor, eres muy mujer. Entonces conocerás a su hermana pequeña Mireia, igual de guapa pero con un cuerpo menos perfecto, ¿o no?”, se me come con la mirada el chico hermoso con pelo de chica.

¿Y ahora cómo le cuento lo que pasa conmigo al guaperas este, nueva palabra que me sienta guay según dice la Virtu al mirarme con ojos de amor y que me hace sentir como una manzana venenosa a la que te apetece morder pero sabes que no debes? Es que Evaristo y Carmela intentaron meterme en un curso de chicas de mi edad pero en el examen de admisión, el que hacemos todas las nuevas, saqué una puntuación de niña de quinto de EGB. Mi nuevo anciano creyó que yo no estaría cómoda rodeada por compañeras de clase de diez años. Y acertó. Así es que convenció a la directora, la Madre Estefanía para que yo fuera a clase con chicas de mi edad, sólo a oír y a hacer amigas, y que ya me pondrían una maestra particular para alcanzar el nivel. Lo cual sería pronto con lo espabilada que soy. Luego ya en casa me adivinó el pensamiento y me dijo que como a mí no me gustaba estudiar, pues que fuese al colegio y conociera mundo y gente y que él ya hablaría con la Madre Estefanía y lograría mi asistencia a clase de cuerpo presente, que es ir sin prestar atención. Pero no me apetece contarle al ángel maravilloso todo esto, así que cojo un atajo y miento, que es bueno si el fin es bueno. Palabras de Doña Raimunda y no mías, que conste:

-Llegué a Las Mercedarias anteayer, no conozco a apenas nadie. El diálogo tonto sigue un par de minutos en que nos presentamos y tal hasta que la Virtu aparece la mar de contenta, me pide que me levante y me regala un fuerte y largo abrazo, dando la espalda al Rob que me mira y ríe. Como mi amiga ignora a la belleza de chaval y quiere que nos vayamos ya, no me queda otro remedio que decirle adiós al chico guay antes de darle la mano a mi cielo cariñosa para empezar a andar. Él se pone de pie al momento, parece un árbol gigantesco, y dice que no me vaya sin darle antes dos besos. Cuando suelto la mano de mi única amiga de verdad para despedirme, su cuerpo enorme se derrama sobre el mío de bailaora, un par de brazos inacabables me rodean y me hago como pipí al notar sus cálidos labios hundiéndose en mis mejillas, lenta pero perfectamente. Me pide el teléfono y le digo que no me lo sé de memoria. Dice que ya me buscará, que no me preocupe. Noto a la Virtu celosa. Entiéndelo, chica: muero de afecto hacia ti pero también le deseo a él, algo extraño todo esto.

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