LIBERACIÓN PUTA, BALLENATO

7.00

fugitivo de la santurronería

¡Este novelón ambientado a mediados de los 1970s es la puta hostia, colegas! Sus párrafos describen el acabose del día a monótono día de un hijo de puta, al pie de la letra, que sobrevive aislado junto a sus viejos en una granja a tomar por culo dentro de Cuenca provincia y donde desde hace días la aún guarra de su mamá regresa vía mente a su cruel pasado, descubriendo así al lector los obscenos ingredientes de su pastel vital. El tabú impuesto es un tema cutre pero tiene cura. Valentía y arrojo, se llaman los condimentos putos e imprescindibles. Reprimidos, hay algo más que masturbación solitaria, yo sólo aviso.

 LIBERACIÓN PUTA, BALLENATO 

 por PASQUINEL LABARTA

 fugitivo de la santurronería

1.- BIENAVENTURADOS LOS MANSOS  

 

El plácido anochecer veraniego le da una agonizante vida luminosa al cobertizo de una enorme villa de campo  de aspecto cutre y con acceso principal de tres peldaños. El cachas de Timoteo flota en medio de un animado pasodoble vomitado por una radio abandonada en algún invisible lugar. Este sonriente, asilvestrado, barrigudo y pasional  mozo de treinta luce el pelo de la cabezota rapado al puto cero cual recluso, vaqueros desgastados, sucia camiseta de manga corta, sombrero cowboy de juguete y se soba el pie que apoya en una silla desde sobre la destartalada mecedora en la que reposa.

-… … ….

Detrás del corpulento chavalote, Matilde Corrales rellena su lugar en esta variopinta vida. Se trata de una apasionante y muy canosa madre de cincuenta y ocho con aspecto pillo y sexy, cara arrugada por la erosiva vida de campo, pechotes grandes, blusa blanca de manga corta con algún que otro detalle femenino y falda larga de verano que resbala por encima de un culazo y de  unas  patas que han obsesionado a más de uno y más de trescientos. Matilde menea el badajo de una campana que cuelga del techo un par de metros tras Timoteo y  grita con su voz asqueada de esta vida en la que casi todo va a depender de qué recursos te rodeen cuando naces, sobre todo morales.

-¡¡¡Rancho nocturno, ya podéis venir a parasitar la cenorraaaa, tlonc, tlonc, tlonc…!!!

El jodón de Timoteo le mira con expresión de fastidio y refunfuña vía un potente tono quejica.

-¡Madre, si sigue tocando tan fuerte, va a  lograr hacerme daño en las orejas, joooo!

¡Tlonc, tlonc…!, Matilde suelta el cordón sonoro y sus expresivos ojos aterrizan en el hijo.

 -¡¿Putea, eh?! Envía a Timoteo a tomar por culo. ¡Pues jódete, Ballenato! ¡O sino ponte a perder el tiempo en un puerco lugar más lejos de mis alrededores, por Judas!

Como último componente presente de esta poco tradicional familia, tenemos a Eliodoro Amasijo, personaje que lucha por ser el sesentón guía de esta escasa plebe. Su cuerpo de otrora depredador calvo muestra un aspecto harto saludable. Esto es, robusto hombre de pellejo moreno que se abriga con pantalones de montar viejos, camisa de cuadros de manga corta, viejas botas todoterreno pero sin calcetines y que, sobre todo, intenta ser un oasis de paz en medio del esquizofrénico lugar. Ojea tranqui a Timoteo junto a dos caballos atados a un poste y entona otra paliza como las de siempre.

-Ay, Timoteo, Timoteo. Me parece que has enfurecido a Matilde, mi bella esposa y tu dulce madre. Venga va, el joven forzudo le guipa pasota, haz el favor de dejar de holgazanear y vayamos dentro para cenar, ala. Luego me has de ayudar a reunir a las cabras, su señora le sonríe sarcástica. Ahora las dejo que campen a sus anchas por alrededor del rio, pero no mucho o acabarán como tú, desaprovechando los sudados cuartos invertidos en su bienestar.

Timoteo  increpa a Eliodoro con tez de desagrado y se mece.

-¡Ay padre, siempre está igual! ¡¿Pero qué quiere, que acabe como Samuel, empachado de dineros pero agobiado en esa ruidosa urbe en la que no han inventado el descanso, eh?!

Matilde deja de pellizcar con ruido la goma de sus bragas que nunca lleva pero hoy sí. Y punto.

 -¡Eso, eso Ballenato! Timoteo le mira. ¡Patrocina el descanso del que pareces tener la exclusiva!, sonríe como lo hacen las mujeres de mala vida. ¡A lo mejor en la urbe necesitan aprender a usarlo tan de puta madre como tú sabes! ¡Podríamos hacernos jodidamente millonarios, puta misa del gallo!

Timoteo balancea la mecedora y sus pies aterrizan en el suelo.

-¡Jopé madre, vaya humor! ¡¿Es que nunca va a cansarse de gastarme bromas tontas de esas?! ¡¿Y por qué me llama Ballenato si sabe que me molesta, eh?!

La conocida en el poblacho por Doña Amasijo introduce su mano por debajo de la indumentaria vaginal y se rasca el chocho con ruido de velcro.

-¡Hostias Ballenato, no tenía ni puta idea de que te putease tanto, Ballenato! ¡Lo he gemido sin la menor intención de frustrarte, Ballenato mío! ¡Juro por, saca y huele mano…, mi inocente puta alma que no ocurrirá más, simpático Ballenato!

Timoteo balancea su asiento hacia atrás y se despide del pavimento.

-¡Hagamos una cosa, señora! ¡Cada vez que usted me diga Ballenato, yo le llamaréee… bruja! Busca con cara de niño malo a la morbosa señora que le parió. ¡¿Qué me dice que le parece, eh?!

Matilde desafía a Timoteo y fija sus manos a las caderas.

-¡¿Bruja?! ¡Cojonudo, Ballenato! ¡Ya sé lo que debo hacer cuando quiera que me lances un puto piropo! ¡Bautizarte como tu aspecto de chichoso granjero merece, ja! Manotazo a campana, ¡plof, tlonc, tlonc, tlonc, tlonc…!

Eliodoro deja de recoger y enfoca a su apasionante mujer.

-Matilde cariño, deja en paz al pobre Timoteo, caray. Peina su cogote con la palma. Recuerda que su enfermedad de los nervios se puede agravar si se pone nervioso, anda.

Matilde se come a su hijo con una animada sonrisa.

-¡Húmeda vagina, Caballo! ¡¿No me gimas que nuestro Timoteo puede tener un puto ataque si se le llama Ballenato?! Timoteo enseña los dientes agresivo. ¡Ja Ballenato, si es algo tan grave, llevaré cuidado en no usarlo más, Ballenato! Se cuela en la granja y deja una estela de silencio tras su fuga.